COMO LOS BUENOS VINOS
Alejandra, Carla, Nuria, Renata, podríamos ser también:
Mónica, Claudia, Myriam y Paulina. Esa es una de las delicias de esta narrativa
íntima: que todas, pero en específico quienes hemos llegado a cierta edad (digamos
a aquella de después de los cuarentas) nos vemos fácilmente espejeadas en esas
mujeres, que, como los buenos vinos, han tenido que transitar por la vida y
llegar a esos años para encontrarse en su mejor momento; y así poder paladear
la vida en serio y saborear los encuentros en total plenitud.
Cada una de ellas, las protagonistas de “Todo sobre
nosotras”, con su casta y carácter, con su personalidad y costumbres tan
peculiares como la variedad de uvas que se cultivan en los más exquisitos
viñedos, viven y cuentan sus historias desde un lugar físico, Portugal, y un
sitio emocional: la madurez.
Y nos mojamos junto a ellas en las aguas de esos mares,
bebemos los vientos de libertad que respiran y las acompañamos en sus duelos,
búsquedas, añoranzas y sueños.
Nos damos cuenta así, entre las páginas de un entramado
simple y una narrativa exquisita, que la vida no es más que esas compañías que
caminan con nosotros los territorios del entorno y los laberintos del alma, que
nos toman de la mano y nos abrazan permitiendo que liberemos nuestras angustias
y entendamos mejor el mundo, compartiéndolo.
La maternidad, el amor, las pérdidas, la soledad, los
fracasos, los cambios propios de la edad adulta que transita hacia la vejez,
los renovados bríos que dan los encuentros con amantes inesperados, la viudez,
los divorcios, los cataclismos y las ausencias; en fin se exponen en sus líneas
una gran variedad de momentos, de etapas que duelen y premian, que se sufren y
que marcan ese antes y después de cada vivencia que deja huella como pisadas en
la arena de una playa. Cada una de estas mujeres, en ese viaje y ante la
presencia de la amiga ausente, se va desnudando y a la par, se habita más y
más.
Las distancias de sus rutinas y cotidianeidad,
posibilitan ese embeberse en aromas, en instantes, ese inmiscuirse en nuevos
ambientes, en atmósferas llenas de olores y gustos nuevos, de Fados y romanzas.
Esto nos hace, además como lectores, anhelar ese viaje, preguntarnos con
quiénes y bajo qué condiciones lo haríamos, pero sobretodo querer probar de
esas vides, de esas vidas, un poquito. Sentarnos en torno a una mesa y beber
ese vino, escuchar historias, dejarnos llevar por la algarabía y la música y
degustar platillos deliciosos.
Existen en esta novela invitaciones nobles y profundas.
Nos canta al oído y nos dice: siente, atrévete, experimenta. También nos
recuerda: mira al otro, conócelo, date cuenta de lo que le angustia, acompáñalo
en su dolor y goza su gozo. Y como pasa
con los buenos vinos, encuentra el momento propicio para descorchar, dejar
respirar y catar la vida, aspira ese bouquet que encierra lo que está por
venir, déjate sorprender y de preferencia hazlo de la mano de tus más queridos,
de tus más cercanos, de tus mejores amigos.
Gracias Mónica por el inmenso regalo de tu amistad, por
aparecerte en mis vuelos y sentarte a mi lado, por tus letras siempre vivas,
siempre pertinentes y deliciosas, y por tu generosidad.