¿DE DÓNDE ERES, AMÉRICA?
Una
morena de fuego se pasea por las calles de París, ronda los laberintos de
mosaicos coloridos de Barcelona, se quita las gafas de sol sorprendida ante la
belleza, cualquiera que ésta sea: digamos encarnada en un parque lleno de
verdes que resplandecen, en la mirada de un niño cómplice travieso que se
espejea en su alma pícara de niña, o en los perfectos y blancos dientes de un
hombre monumental.
Es
nuestra América, que en sí misma es un continente, capaz de abarcar con sus
curvas y sus vaivenes no sólo las historias que se cuenten, sino un país
entero. Ella es su sitio favorito en el mundo, porque ella es el mundo. Con
desparpajo, claridad y franqueza, a “calzón quitado” y corazón abierto, con
total vehemencia nos cuenta, a quienes tenemos la suerte de tenerla cerca, sus
andanzas, tropiezos e infortunios, sus pesares y sus éxitos mientras nos
abraza, abrazando a su vez la vida.
Y es que
no importa el punto geográfico en el que se encuentre, o la latitud, ella
viaja. Lo hace con la soltura del paseante que ha habitado varios mundos y con
la profundidad de quien ha vivido muchas vidas. Cada instante es un siglo bajo
su mirada que es capaz de conmoverse con el paisaje, retorcerse con la
injusticia y acariciar el amor con la misma intensidad con la que escribe.
Así,
nosotros, sus cercanos, sus lectores y aquellos que en las redes sociales o en
lo impreso se topan con su carácter y talento, somos incapaces de permanecer indiferentes
ante sus relatos; por el contrario nos vemos invitados a sus festines y
recorremos con ella las mismas calles, los caminos que la llevan a encontrarse
con las sorpresas y reveses que la aguardan.
Se
siente cómoda lo mismo en Guanajuato que en la cama del mejor de los amantes,
en Ámsterdam que comiendo unos taquitos en la esquina aquella de sus recuerdos.
Por eso, porque es capaz de estar bien y mal en todas partes es que su paso por
este mundo nos tiene en trance. Lo mismo porque nos cuenta que ya es un pez en
el agua después de haber sobrepasado su miedo a nadar como porque es capaz de
hacernos cómplices de sus andanzas fantásticas, reales, literarias.
Recientemente
visitó Madrid, mi tierra, mi mitad y a su regreso de inmediato le hice saber que
la próxima visita a esos lares sería de la mano “una morena y una rubia, hijas
del pueblo de Madrid”, porque yo quiero viajar con ella, pasear, conversar y
beber, bailar y resucitar la memoria de mis viejos con su mirada cómplice y su
alegría sustancial. Qué mas da que llegue tarde al vuelo, o se le pierda el
equipaje, o le den ansias y delirios o sueños de conquista. Yo quiero estar ahí
para atestiguar su pasión y para escribir muchos versos en la tierra que nos
reconforten y nos estimulen.
Entendiendo
que su trance está en ser todas y una sola, y que está impregnada de todos los
sitios que ha acariciado, que su piel huele a las deliciosas especias y a la
hierba acariciada durante las travesías, soy capaz de resolver la pregunta que
da título a mis palabras: ¿de dónde eres América?