Miércoles, 11 de Diciembre del 2019

¿DE DÓNDE ERES, AMÉRICA?

Una morena de fuego se pasea por las calles de París, ronda los laberintos de mosaicos coloridos de Barcelona, se quita las gafas de sol sorprendida ante la belleza, cualquiera que ésta sea: digamos encarnada en un parque lleno de verdes que resplandecen, en la mirada de un niño cómplice travieso que se espejea en su alma pícara de niña, o en los perfectos y blancos dientes de un hombre monumental.

 

Es nuestra América, que en sí misma es un continente, capaz de abarcar con sus curvas y sus vaivenes no sólo las historias que se cuenten, sino un país entero. Ella es su sitio favorito en el mundo, porque ella es el mundo. Con desparpajo, claridad y franqueza, a “calzón quitado” y corazón abierto, con total vehemencia nos cuenta, a quienes tenemos la suerte de tenerla cerca, sus andanzas, tropiezos e infortunios, sus pesares y sus éxitos mientras nos abraza, abrazando a su vez la vida.

 

Y es que no importa el punto geográfico en el que se encuentre, o la latitud, ella viaja. Lo hace con la soltura del paseante que ha habitado varios mundos y con la profundidad de quien ha vivido muchas vidas. Cada instante es un siglo bajo su mirada que es capaz de conmoverse con el paisaje, retorcerse con la injusticia y acariciar el amor con la misma intensidad con la que escribe.

 

Así, nosotros, sus cercanos, sus lectores y aquellos que en las redes sociales o en lo impreso se topan con su carácter y talento, somos incapaces de permanecer indiferentes ante sus relatos; por el contrario nos vemos invitados a sus festines y recorremos con ella las mismas calles, los caminos que la llevan a encontrarse con las sorpresas y reveses que la aguardan.

 

Se siente cómoda lo mismo en Guanajuato que en la cama del mejor de los amantes, en Ámsterdam que comiendo unos taquitos en la esquina aquella de sus recuerdos. Por eso, porque es capaz de estar bien y mal en todas partes es que su paso por este mundo nos tiene en trance. Lo mismo porque nos cuenta que ya es un pez en el agua después de haber sobrepasado su miedo a nadar como porque es capaz de hacernos cómplices de sus andanzas fantásticas, reales, literarias.

 

Recientemente visitó Madrid, mi tierra, mi mitad y a su regreso de inmediato le hice saber que la próxima visita a esos lares sería de la mano “una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid”, porque yo quiero viajar con ella, pasear, conversar y beber, bailar y resucitar la memoria de mis viejos con su mirada cómplice y su alegría sustancial. Qué mas da que llegue tarde al vuelo, o se le pierda el equipaje, o le den ansias y delirios o sueños de conquista. Yo quiero estar ahí para atestiguar su pasión y para escribir muchos versos en la tierra que nos reconforten y nos estimulen.

 

Entendiendo que su trance está en ser todas y una sola, y que está impregnada de todos los sitios que ha acariciado, que su piel huele a las deliciosas especias y a la hierba acariciada durante las travesías, soy capaz de resolver la pregunta que da título a mis palabras: ¿de dónde eres América?

 

Eres de ti y de todos, eres tu hábitat y tu circunstancias, eres de tu Güero y de tu Vic, de tus amores realizados e inconclusos, de tus memorias y sueños, de tus anhelos cumplidos, de tus rizos revueltos, eres de un continente y de la tierra que te vio nacer, eres del agua y del cielo y no estás completa; tu ser se va reconformando, puliendo, transformando en cada paso que das bajo la expectativa de lo que aún estás por descubrir.