EL PLAN ES QUE NO HAY PLAN
Conocer a Carlos García
Portal, porque así se llama este extrovertido, apuesto, valiente y pertinaz
chico, es entrar a un viaje sin moverse del asiento, a menos que éste sea el de
una moto.
Charly “para los cuates”
como bien decimos en México, lleva un mundo a cuestas, siete continentes, miles
de historias y rutas a cuestas y sin embargo viaja ligero.
El “no tiene plan” sin
embargo se apunta a todos los planes. Su espíritu libre nos hace recordar a
quienes tenemos la fortuna de conocerle y a sus miles y miles de seguidores en
las redes, que nunca es tarde para emprender un viaje, sea éste al rincón más
remoto de la tierra o a la tienda de la esquina en donde bien podría
aguardarnos una sorpresa.
Su capacidad de estar bien
en cualquier sitio pero sobretodo de conectar no solo con sus seguidores a los
que va conociendo en cada camino, sino con todo aquel que le da la bienvenida
en un paraje oscuro a media noche o en un hostal, en el local del barrio o en
el hotel más lujoso del orbe, es tal que donde se encuentra pertenece, es decir
que se instala y adopta de inmediato los usos y costumbres, capta la lengua que
se habla y traza la ruta de esos días, solo de unos cuantos que le permitan
tras el viaje de muchos kilómetros, sentarse y editar.
Edita, recopila, arma,
porque su necesidad de hacer visible lo que sus ojos miran es casi tan grande
como su gran y noble alma. Quiere que todos nosotros mujeres y hombres nos
subamos a su moto y seamos testigos de la inmensa maravilla que es esta tierra.
Geografías dispares,
bellos atardeceres, parajes insólitos, obstáculos casi insalvables, urbe,
campo, modernidad, atmósferas, se entrelazan en sus videos realizados con
soltura y buena técnica, sellados por esa característica tan suya de frescura
que nos hace sentir tan cómodos, tan identificados, tan interesados.
Que si la visa, que si la
vacuna, que si la cámara y los cables, que si la moto y la gasolina, que si el
botiquín y el dinero, total esto y aquello en una complejidad que requiere de
precisión, de una organización tal para dejar todo a punto para procurar
reducir el sinnúmero de contratiempos que es probable se atraviesen cuando echa
a andar.
Pero va tranquilo, ha
superado sus miedos iniciales después de 25 años, nada menos, de andar de
nómada, de explorador, de investigador de territorios, de viajero en el tiempo
y espacio que se apropia a donde va con una naturalidad inusitada.
Sólo así es que se puede
escribir un libro guía como EL MUNDO EN MOTO, sólo así se puede dar cuenta de
lo que implica lanzarse al azar, No PLAN y dejarse ser en cada kilómetro.
Desde que nos conocimos,
hace un poco que parece un siglo, nos hemos abrazado, entendido, no hemos
parado de hablar. Y de las aparentes diferencias enormes, él hombre y un
poquito más joven que yo, yo madre y mexicana, jamás nunca he trepado a una
moto por cierto (¡qué tía tan aburrida resulto!) ni he viajado a tantísimos
países como lo ha hecho él, resulta que tenemos Madrid, que siempre estará
Madrid y que nuestras búsquedas, los libros desde luego, ambos nos llamamos
“autores” ya, nuestros universos familiares y nuestra percepción del mundo,
mezcales incluidos, resulta ser común y comunicante.
No sabemos bien a bien a
dónde nos llevará esta amistad “sin planes” y no lo queremos saber. Lo que sí
es cierto es que ambos (y ustedes quienes nos acompañan hoy, quienes siguen en
sus recorridos a Charly y la inmensa mayoría, me atrevo a pensar, de quienes
habitamos esta galaxia) queremos mirarnos más, conocernos mejor, invitarnos a
nuestras casas, sonreír ante la atenta mirada del otro, de ese que comprende
también que la vida es la mejor de las aventuras, el más complejo e intrincado
de los caminos, es la más divertida y retadora de las oportunidades; se mueve
en espirales, en ciclos, en duelos y en pérdidas pero también en éxitos, comida
deliciosa, música para bailar, versos, besos, atardeceres y que vale la pena el
viaje, este viaje, este único e irrepetible viaje.