Por
PAULINA VIEITEZ
Lunes, 9 de Marzo del 2020
LUNAS DE ESTAMBUL
Esta es la historia de una carta que selló el destino de un hombre y de una mujer, el de sus familias y el de sus descendientes.
“Me manka una spoza, una buena musher de muestra tierra”, escribe Lázaro desde México a su hermana Victoria que se queda en Estambul, junto al resto de su familia.
Es la historia de dos Lunas que son la misma: la de Oriente y la de América.
Es la historia de dos mujeres que contemplan esas lunas en un espacio tiempo distinto y que también son la misma.
Es la historia de una abuela, contada a través de los ojos de su nieta.
Lunas de Estambul es una novela de viajes, de sabores y sensaciones, de ritos, del transcurso de la vida que es todo menos lineal, todo menos predecible. Es una narración de geografías, de mundos en una taza de café turco, de territorios que se dejan y nuevas tierras que se exploran, de sincretismo y comunión.
¿Cómo se honra la vida de los que nos precedieron?
¿Desde qué lugar del corazón se hace honor al pasado en el presente?
¿A qué sabe el futuro?
¿Hay palabras que, encerradas en un sobre, pueden cobrar vida transformándose en augurio y promesa?
Sophie Goldberg da respuestas a estas interrogantes mediante una narrativa dulce y cercana, que es biográfica y autobiográfica, sensible y delicada, precisa, detallada.
Estas respuestas son resoluciones amorosas que narran los acontecimientos de las vidas de quienes le son más cercanos y de la suya propia.
Sofika recibe el legado de su abuela de viva voz . Ventura le cuenta a detalle sus historias, no solo las que le pertenecen, sino las de quienes están inherentemente ligadas a ellas, a ambas. La autora es depositaria de los tesoros guardados en un baúl, los conserva como se tiene que hacer con lo más valioso, les da un lugar en su alma.
La novela es un diálogo profundo entre dos lunas color ámbar, entre sus lazos de sangre, entre los hilos de amor que igual se tejen en una tienda de telas que en la cocina de un hogar que se funda en el exilio y que siempre tiene entre sus paredes, en los objetos, en los ingredientes que se disponen para preparar un plato, ese sabor de pérdida y encuentro, de búsqueda y de reconciliación, de esperanza.
Así, nos va llevando, a nosotros lectores, de Estambul a Veracruz, de las calles del centro de México al Bósforo, del bazar de las especias de 1663 a la llegada de los antepasados inmigrantes en los años treinta; nos invita a la casa de los Eskenazi y a las otras casas que van surgiendo conforme el tiempo avanza y los logros, las ilusiones y desgracias van teniendo su hora: la de los Carrillo, la de los Eliakim.
Todo ello va aderezado con recetas turcas y sefardíes; así que desfilan por sus páginas el garato, el baklava, las berenjenas, las pipirushkas que son música para el alma y alimento para el corazón. Se escuchan romanzas, kantikas que cuentan historias. La comida, como escribe Sophie, es poesía de sabores. Es amalgama de culturas, es el pretexto para estar cerca.
Turquía es la cuna en Oriente. Es el hogar de una mujer como Sara que se resiste a que su hija Ventura se case con un turco, por temor a que éste sea enviado a la guerra y muera; una madre que impulsa a su hija a mirar el mundo desde otro lugar y en éste forjarse un destino. América es la que promete. México es la tierra noble en la que se arraigan los hombres como Lázaro y Nissim, trabajadores, entregados, capaces de honrar siempre sus orígenes y tradiciones, a los que el azar une en una entrañable y profunda amistad que los marca y los une como ríos cuyos cauces confluyen. La fortuna y la desgracia, las decisiones de cada uno, se van mezclando
entre miel y rosquitas de anís, entre bureks de queso y berenjena, entre los sinsabores de vivir.
Es para mí un verdadero honor poder ser parte de esta preciosa y merecida presentación de Lunas de Estambul, pero sobretodo de este encuentro con su autora, Sophie Goldberg, una mujer maravillosa que honra con su ser y su actuar, con su escritura, a las raíces, a las valiosísimas semillas, y a las flores de su pasado, a quienes retrata en estas páginas llenas de amor, de respeto, de aventuras, que nos invitan a reflexionar acerca de nuestra propia humanidad y a revivir las historias de nuestras propias familias, a rescatar nuestro origen y llevarlo en el corazón.
Letras que se acomodan dando cuenta de que el paso de una a otra tierra encierra, sí, duelos emocionales, pero que éstos se solventan entre abrazos y promesas de un futuro distinto, mucho más pleno, porque guarda consigo, íntimamente, el noble espíritu de quienes lo forjaron para que, mujeres como Sophie, pudieran contarlo y transmitirlo, convertirse en el puente entre dos mundos, experimentarlo y contagiarnos de su pasión.
Gracias querida y nueva amiga, gracias por este cruce de caminos, gracias por permitirme unirme a este homenaje a Ventura y a tus antepasados: inmigrantes valientes y osados como los míos, capaces de labrar un camino que provocó que nosotros, todos, podamos gozar este momento en el cual te leemos y contemplamos todas las lunas posibles y las más hermosas, las lunas de México, las lunas de Estambul.
Paulina Vieitez
Ciudad de México
17 de octubre de 2015