



Como novelistas, profesionales de la comunicación, y mujeres viviendo en estos tiempos convulsos, creemos que los libros son espejos, puertas, ventanas y puentes. Lo han sido desde siempre y continuarán siendo instrumentos y facilitadores de revisión y cambio en el presente.
Nuestras vidas han estado marcadas por la literatura, teniendo una enorme influencia en los caminos que hemos decidido seguir. Primero como lectoras, ahora también como escritoras. Pertenecemos a una industria maravillosa, llena de mentes privilegiadas, de intelectos sensibles; una industria de seres humanos que en su trabajo cotidiano colaboran en la búsqueda de un mundo mejor siendo editores, autores, agentes culturales; facilitando y promoviendo un sentido de comunidad entre los lectores alrededor del mundo.
¿Por qué es tan importante que promovamos la lectura? Porque una buena historia traza una senda, ayuda a comprender un conflicto, a resolverlo, penetra las almas y sube la frecuencia cardiaca. Esto no es un punto de vista barato y romántico, es una realidad. Los libros son vehículos tan importantes como cualquier otra manifestación artística, en las cuales, sobretodo, el verdadero sentido de lo que significa ser humano se desarrolla.
La literatura también retrata nuestros miedos más profundos, los más oscuros secretos, el terrible impulso a la deshumanización que habita muy adentro. Tal parece que en esta era todo está saliendo a la luz con horrorosas intenciones. Por tanto no debemos permitirnos ignorarlo ni permanecer indiferentes. Lo que está sucediendo tiene un impacto directo en nuestras vidas, a pesar de que no necesariamente hayamos perdido a alguien en un ataque terrorista o en el desierto mientras intentaba cruzar al otro lado, la mayoría de las veces persiguiendo un sueño imposible.
Nuestros parientes perdieron todo alguna vez, o varias, y empezaron de nuevo. Sufrieron guerras, migraron, incorporaron nuevos idiomas y culturas en sus ADN´s. Nosotras heredamos ese ADN modificado que constituye la mezcla de usos y costumbres de mundos diversos.
Nos identificamos con todos, somos la combinación de palabras y hábitos, de tradiciones y nuevas formas de pensar. Las tres pensamos que nuestras narrativas profundizan en eso en una suerte de necesidad de exorcizar el sufrimiento de nuestros más queridos y persiguen una forma de reconciliar y honrar a quiénes y de dónde provenimos.
Dentro de nuestras tres novelas: Lunas de Estambul, El murmullo de las abejas y Helena, quienes leen encuentran que están llenas de las altas y bajas de la condición humana, de sus claroscuros.
Están vinculadas porque las historias que cuentan evocan debates personales, conflictos y miedos. Los personajes se ven obligados a irse, por elección u obligación, a abandonar lo que más aman, tienen que encontrar el coraje, que ni siquiera saben que tienen, y ser lo suficientemente valientes como para aceptar su nueva y forzada condición. Esto sucede en nuestras ficciones tal cual acontece en la vida real.
Realidad y ficción pelean en nuestras mentes y almas cuando leemos porque se parecen tanto que nos sentimos casi incapaces de separarlas y comprender que no son lo mismo.
Lo que nos distancia de los animales es la habilidad de imaginar. Los cerebros humanos y los sentidos necesitan mezclar ficción y realidad para poderse explicar lo que no puede expresarse, lo que no es posible entender. Entonces sucede el verdadero milagro, dentro de cada página que leemos. Autor y lectores firman un pacto: somos los mismos. Sentimos, pensamos, nos angustiamos y reímos de igual manera. Por tanto somos hermanos, somos uno con el universo. Somos palabras, somos lo que decimos, y también lo que decidimos y hacemos.
Es solo entonces cuando los muros se derrumban, y las diferencias se disuelven porque nos permitimos darle la mano al otro, empezar un diálogo a través de las páginas de un libro.
Unámonos a través de las palabras y de las historias, permitámonos analizar lo que nos está pasando a todos, regresemos a nuestras raíces, y veámonos empezando de nuevo cada vez que iniciamos una nueva lectura, que abrimos un libro. Conozcamos y aceptemos a nuevas personas en nuestra vida. No permitamos que nuestros vastos horizontes se limiten por culpa del racismo, los malos gobiernos, las guerras, el terrorismo y el horror.
Hagamos que nuestras madejas y nuestros lazos rompan barreras, acaben con el separatismo y nos lleven a mejores sitios internos y externos que podamos habitar en paz. Contemos con el otro, con dos, y tres y cuatro y así hasta el infinito. Vivamos libres de fronteras.



